martes, 14 de marzo de 2017

Sarmiento, los Jesuitas, y una crítica a la Masonería.


En 1869, Domingo Faustino Sarmiento escribirá una serie de artículos masónicos que aparecerán publicados en la revista "El Progreso" bajo el pseudónimo "V".  Reproducimos un fragmento  no tanto por el consabido enfrentamiento entre jesuitas y masones de la época, sino por la interesante reflexión que hace el autor sobre la masonería, la cual estimo de gran actualidad para estas tierras.

......Para que la masonería pudiera ser lo que debe, sería necesario que se operase en su seno una gran revolución; que se reconstituyese bajo principios democráticos que alejaran de su seno el afan de adquirir grados mas ó me­nos absurdos por las distinciones y prerogativas que importan, y por la inesplicabilidad de los principios y doctrinas que representan en abierta oposición con los fundamentales de la Orden y que se revelan contra el sentido común, como lo son casi todos los superiores a los tres primitivos.
Sería necesario que abrazase un cuerpo de doctrina racional, a la altura del siglo, que representara las aspiraciones de la filosofía moderna, y que con aquella constitución y con estos principios, limitara el número de sus adeptos solamente en aquellos que las abrazaran con fé y firme voluntad de realizarlas en el terreno práctico de sus tareas; que en consecuencia mantuviera escuelas públicas gratis de primera enseñanza, cátedras públicas donde se explicaran a la juventud las ciencias naturales, la filosofía, la literatura y la moral social, según el criterio racionalista fundamental de la institución; que fundara una casa de enseñanza industrial para huérfanos, que transformara sus considerables ingresos en elementos de crédito para fomentar el trabajo entre aquellos de sus miembros aptos y necesitados de ello; que circulara un diario
defensor de sus doctrinas, propagador de conocimientos útiles a todas las clases, en todos los ramos del saber y de las necesidades de la vida; que inspirara interés el ser miembro de la Orden, que fuese en fin, una fuerza moral, poderosa, que de una manera práctica y ostensible desmintiera las acusaciones que se le dirijen, de ser, cuando menos, una espada de cartón.
No siendo todo esto la masonería y sabiéndolo los jesuitas, no puede considerarse su empeño sino como un inocente pasatiempo; dispararle tiros á una sombra!
Si la masonería es un cadáver, a qué pincharlo?
Por lo contrario, si el jesuitismo hace daño, porque no se reviste la masonería de todo el valor necesario para constituirse, organizarse y trabajar, como hemos indicado, para combatir con ejemplos prácticos, públicos y eficaces ese mal?
Cuando aquel toma la cosa a lo cómico y esta no lo toma a lo serio, puede asegurarse que la sombra se irá desvaneciendo y que los satélites de Loyola conseguirán su fin.
Sin embargo, aun es tiempo, si hay masones que tengan bastante alma para iniciar y llevar a cabo la revo­lucion que debe rejuvenecer y dar mayor respetabilidad, utilidad e importancia a la Orden.

Aporte e investigacion de Gustavo FrendaFrendaw

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