lunes, 13 de enero de 2014
La humildad del Maestro Masón - Masones Lengua Española
El Maestro Masón se caracteriza por su humildad, rara virtud que incluye tanto el acendrado realismo de quien tiene los pies en la tierra (humus) y es capaz de discernir sus potencialidades y carencias, como la modestia que únicamente brilla en quienes poseen gran fortaleza moral y cierta escondida sabiduría. Realismo, capacidad de discernimiento y modestia son, en la coloratura del verdadero Maestro, lo más opuesto a la cacofónica soberbia de los incapaces, a la fatuidad de los acomplejados, a la prepotencia de los ignorantes.
No tienen cabida, en el espíritu del Maestro Masón, enfermedades morales como la hipocresía, el fanatismo o esa ambición desmedida que lleva a algunos y algunas a azacanearse por descollar y brillar artificialmente –aprovechándose de la Orden y usándola como trampolín meramente profano-, cuando por dentro se percibe de ellos tanta opacidad, casquivanería y peligrosidad social.
Cuenta Ambelain que, encontrándose en Tenida, llamaron a las puertas del Templo. Preguntado el Hermano Cubridor, respondió que quien pretendía entrar debía ser el Gran Arquitecto del Universo, según venía de cargado con brillos, metales y decoraciones… El chiste es facilón, pero lacerantemente certero.
¿Por qué hay Maestros y Maestras que, cargados de más autosuficiencia que Maestría masónica, miran por encima del hombro, sintiéndose absurdamente superiores a sus Hermanos y Hermanas, sobre todo a los Aprendices y Compañeros? Porque no tienen vida, porque personalmente son un fracaso. Entonces usan los brillos y decoraciones para intentar compensar –inútil empresa- y elevarse por encima del resto, cuando saben que ese resto seguramente tiene más vida que ellos.
Qué difícil –si acaso fuera posible- instruir a un Maestro tocado por esta enfermedad.
El único antídoto se llama Aprendizaje: volver a aprovechar la oportunidad que desperdició siendo Aprendiz, y resituarse nuevamente en la dinámica del discipulado iniciático que se le brinda en Francmasonería.
sábado, 4 de enero de 2014
Notas sobre la batería masónica
Extractado de un artículo publicado en http://www.hiram-online.com Título original: La Batterie.
El término batería aparece en el siglo XII como “battre” o tunda a golpes, en el sentido de una querella con violencia, una paliza.
En nuestro tiempo se usa desde hace mucho para designar un juego de utensilios de cocina para colocar al fuego y un poco mas tardío como los medios empleados para conseguir algo o al contrario como maquinación, plan, medidas, etc: “colocarse las baterías, cambiar las baterías”
Otra extensión de ese sentido ha dado la manera de batir el tambor en una forma que con el tiempo ha adquirido un cierto encanto (en los ejércitos napoleónicos el batido del tambor llamaba a los soldados a la distribución de víveres, que se hacía sin importar los rangos; llamadas con toques de trompetas y tambores intimando a los sitiados a rendirse o provocando una distracción; hacer sonar tambores y clarines para rendir honores; carga de arrollamiento con el tambor rimándola, diana (batería de tambores y -o clarines para despertar a la tropa) etc.
En los siglos XV- XVI tomo un sentido militar: la acción de disparar sobre el enemigo, de hacer fuego sobre él, una reunión de piezas de artillería y los materiales necesarios para su servicio, se llamaron batería.
De allí proviene también la expresión “batería de decoraciones”, en el sentido de grupo ordenado.
En física una batería es un elemento productor de corriente eléctrica y en psicología por ejemplo se tiene una batería de tests.
En música una batería es una serie de notas destacadas en arpegios sobre un instrumento de cuerdas, o uno de los instrumentos de percusión de la orquesta y aún bajo la influencia del jazz, un instrumento de percusión compuesto de muchos elementos, címbalo, timbal, caja, etc.
En la francmasonería una batería esta formada por una o mas señales sonoras obtenidas golpeando el mallete en el caso de los Oficiales y por los hermanos aplaudiendo o golpeando las manos.
Una batería sería entonces una “frase musical”.
Encontramos dos hipótesis para el origen de la batería masónica: y es que serían heredadas de los herreros martillando el metal o bien de los talladores de piedra al cincelarla.
No se tienen datos del período en que ciertamente aparece en la FM, pero ya está atestiguada en las Divulgaciones como Le Secret des Franc-Macons del Abate Perau aparecido en 1742, lo que la hace remontar por lo menos al principio del siglo XVIII, aunque los “Tres Golpes Nítidos” de 1760 la declaran como mas antigua, en concomitancia con el nacimiento mismo de la FM, los Tres Golpes cantaban el pedido de ingreso al templo formulado por el profano pero también el final de la iniciación.
No faltan aquellos para quienes la batería masónica tendría un origen esotérico particularmente rosacruciano, y aún con “virtudes energéticas” extraídas de la magia blanca!!
Aunque es común a toda la masonería, la batería difiere en el número de golpes y el ritmo según los ritos y obediencias.
Así para los ritos Emulación, Escocés Antiguo y Aceptado y Francés, el ritmo es irregular pero el número de golpes no difiere: 3 para el primero de los ritos, cualquiera sea el grado; 3, ... y ... para el segundo rito y 3, ... y ... según el grado para el tercer rito, en tanto que para el Rito Escocés Rectificado el número de golpes es igualmente, 3, ... y ... pero según un ritmo regular.
La batería masónica puede igualmente puntualizar las ceremonias particulares.
En el Rito Francés se tiene además la batería de duelo que se realiza al finalizar el minuto de silencio marcado por el deceso de un hermano y que a continuación se sigue con una batería de alegría que simboliza la vida.
Siempre en una analogía musical y en referencia particular al tambor, podría decirse sin dudar que la batería del mallete es “clara”, en tanto que aquella de las manos es “sorda” (sordina) puesto que se ejecuta con las manos enguantadas siendo que los aplausos profanos claramente se hacen a mano desnuda, que formarían no una batería sino salvas, truenos, tormentas….
Tal analogía musical hace surgir otras cuestiones: - si la batería del mallete fuese, de cualquier forma una ilustración sonora del trabajo que se hace en Logia, que es el taller adonde se desbasta y cincela la piedra bruta para ir dando forma a una piedra cúbica, para qué “ filtrar” la batería de las manos?
¿Será para, justamente, distinguirla de los aplausos profanos y marcar la tenida - o la… retenida?- de los hermanos reunidos, no para que se distraigan, diviertan, “festejen”, sino para trabajar como en el medioevo cuando los talladores de piedra y los albañiles llevaban guantes de protección?
¿Porqué la batería canta un homenaje o un sentimiento (baterías de duelo, de alegría, de bienvenida) con las manos enguantadas, siendo que la mano desnuda es el signo de la sinceridad, franqueza y que la cadena de unión debe hacerse sin guantes?
¿Podría ser que como símbolo de la pureza de los corazones y de la moral pero también de la igualdad de los hermanos, los guantes agregaran a la batería un elemento de “justicia” que lo elevara de la trivialidad de los aplausos?
Por otra parte, ¿qué hay acerca del número de golpes?
Tres es el número de golpes común a las baterías de todos los ritos, puesto que según los antiguos los tres primeros números tienen una función eminentemente creadora (además fueron tres grandes masones los encargados de la construcción de esa noble obra de arquitectura que es el Templo de Salomón; Salomón mismo, Hiram rey de Tiro e Hiram Abif ...
Para terminar aquí, diré que prefiero personalmente entender que la batería masónica es una frase musical sorda a toda alusión militar o peor aún, guerrera.
lunes, 23 de diciembre de 2013
Algunas claves para trabajar la roca en bruto
-Si quieres ser beneficiado, no seas masón, pues no vivimos en pro de ellos.
-Si quieres paz, no seas masón, pues el masón está en guerra constante contra los vicios y la injusticia.
-Si eres egoísta o individualista, no seas masón, pues compartir es un hábito virtuoso, pensar en sí mismo no es viable, mas debemos pensar en todos!
-Si deseas enriquecerte, no seas masón, pues el patrimonio de un masón no es evaluado por sus bienes, sino por sus actos.
-Si eres arrogante, nunca seas masón, pues la humildad es una virtud constante, demostrada en todos los momentos!
-Si eres dogmáticamente religioso o creyente, no seas masón, pues el dogma no salva a nadie, el masón combate los dogmatismos!
-Si te gustan los placeres mundanos, no seas masón, debemos ignorarlos, pues son momentáneos!
-Si tienes miedo de la muerte, jamás serás masón, tenemos la alegría de la inmortalidad del alma, pues es el mayor tesoro que tenemos.
-No seas un masón común, se un masón verdadero; haz la diferencia!
-No seas indiferente, no seas el mejor, debes ser tu mismo!
-Si no comprendes las diferencias humanas, no seas masón, pues la tolerancia de las diferencias es síntoma de un ser superior, y la incomprensión es el principal enemigo del masón.
-Si eres sumiso, no seas masón, pues la iniciativa es notable en el masón!
-Si eres pretencioso, no seas masón, pues la igualdad es un pilar fundamental en la vida de un masón!
Anónimo
El pulido de la roca, es un desbastar constante que no se agota en una vida y no habría sido una vida en vano. Sandro
¿PUEDE LA MASONERIA NO GUARDAR SECRETOS? Por Antonio Las Heras Venerable Maestro RL Santo Sepulcro de Jerusalén Nº 14
En estos tiempos hemos escuchado en boca de autoridades masónicas la afirmación de que en dicha Orden Iniciática no hay secretos; que se trata de una institución discreta pero no secreta y que, en todo caso, el único secretismo que existe es en lo que hace a los toques, señales y signos con que se identifican sus miembros para reconocer el grado que ostentan.
Tales dichos merecen analizarse con atención.
Lo primero que hay que recordar es que la Masonería, durante siglos, fue una organización secreta. Tanto que, por lo usual, esposa e hijos ignoraban la condición de Hermano del padre de familia hasta, incluso, después de su fallecimiento. ¿Es que – acaso – este hermetismo era sólo un acto gracioso? La respuesta categórica y contundente es un terminante no.
A poco que recorramos la historia advertimos las razones fundadas por las que, no sólo la Masonería, sino todas las órdenes iniciáticas optaron por el secreto. Es que se trataba de reales sitios de encuentro de personas dispuestas a modificar el mundo. Tanto es así que – desde tiempos remotos – déspotas, tiranos y dictadores persiguieron a sus miembros. Así lo hicieron – por limitarnos sólo al Siglo XX – Adolfo Hitler, Stalin, Benito Mussolini y Francisco Franco. Pero, claro, estas persecuciones vienen de muchísimo antes.
Un simple recorrido a vuelo de pájaro de nuestra historia del Siglo XIX nos enseña la vida difícil y exigente que tuvieron los masones que hicieron la patria. Desde Mariano Moreno pasando por José de San Martín, Manuel Belgrano, Justo José de Urquiza y Domingo Faustino Sarmiento; por sólo señalar unos pocos.
Los masones aprendieron que el secreto y el silencio es inherente a la condición de Iniciado. Quien atravesó – de espíritu, mente y cuerpo (y no sólo de cuerpo) los rituales de ingreso a la Orden (ceremonia llamada “Iniciación”) y los consiguientes de aumento de grado, conoce que la finalidad de su vida es transformarse a diario en mejor persona – en lo que hace a lo individual – para producir transformaciones en el tejido social que coadyuven a la obtención de una sociedad donde cada vez más imperen la Justicia y la Libertad.
Por eso los Iniciados sostienen que no son personas activas sino proactivas; constructores (la palabra “masón” significa “constructor”) de una vida única y diferente; fuera de lo normal pues “normal” implica repetición, falta de creatividad. Esa es la construcción interna a la que el Masón aspira pero no con un fin egoísta, sino para llevar sus progresos y hacer partícipe a la comunidad toda.
Es entendible que un grupo de personas trabajando su inteligencia, desarrollando sus aspectos espirituales, dispuestos al esfuerzo de aprender cada día más, de buscar nuevas perspectivas y llevarlas a los demás haya sido mal visto por aquellos que quieren que nada cambie y que todo se ajuste a los deseos de un pensamiento único.
Puede decirse que, por definición, un verdadero Masón es alguien políticamente incorrecto.
Con el tiempo algunas ordenes masónicas fueron institucionalizándose en forma pública y acorde a la legislación de cada país. No por ello dejaron de guardar importantes secretos. A tal punto que muchos de esos secretos ni siquiera eran conocidos por la gran mayoría de los Hermanos que las integraban. Surgieron las llamadas “logias encubiertas” formadas por miembros que nunca figuraron en la papelería administrativa de la parte legalmente organizada. No llenaban “solicitudes de admisión a la orden”.
Dichas “logias a cubierto” funcionaban con conocimiento y autorización del Gran Maestre y de algunos otros – pocos – miembros de importancia de la Orden. Se reunían en la casa de alguno de sus integrantes en días y horarios sólo conocidos por ellos. No se labraban actas ni quedaba constancia escrita alguna de su existencia. Desde ya conviene decir que las “logias lautarinas” fundadas y propulsadas por el Gran Iniciado José de San Martín trabajaron de esta forma.
Si en la actualidad hay grupos masónicos que – según los dichos de sus autoridades – han dejado de cultivar el secretismo – con lo que ello conlleva según hemos señalado – implica que se transformaron en instituciones políticamente correctas aunque incapaces de producir transformaciones espirituales e intelectuales en sus integrantes y, por lo tanto, mucho menos de llevar nuevos paradigmas útiles a la comunidad.
En ese sentido, tales organizaciones – aunque sigan utilizando el rótulo de Masonería – son sólo una más de las tantas asociaciones civiles con que cuenta una nación. Empero sólo ha quedado la cáscara habiéndose vaciado el contenido.
Cabe sí decir que cuando una orden iniciática comienza a tener cada vez más estado público (acción exotérica) es por que cada vez es menor su trabajo interior (esotérico) y va siendo reemplazada por otras entidades donde cultivando el secreto y el silencio empiezan a generarse los necesarios caldos de cultivo que llevan a la preparación de los nuevos tiempos. Esto es así por que las ordenes iniciáticas no actúan institucionalmente en la sociedad sino que lo hacen a través de las personas que una vez desarrolladas en sus potencialidades merced al trabajo en templos y logias, salen al mundo exterior munidos de sus nuevos conocimientos y saberes para volcarlos en bien de los demás.
Un grupo masónico que no cultive secretos es como un club de futbol donde ya ninguno juegue a la pelota.
domingo, 8 de diciembre de 2013
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